Prefacio

La Confederación Sindical Internacional (CSI) tiene menos de un año de existencia en el momento de imprimir este Informe. Se trata del primer Informe Anual sobre las Violaciones de los Derechos Sindicales editado por nuestra nueva organización. El propio Informe es sin embargo una publicación ya bien establecida, y el formato sigue siendo el mismo. Tristemente, también las historias que recoge son muy similares y ponen de manifiesto los enormes retos que tenemos ante nosotros.
La edición del Informe de 2007 cubre 138 países y muestra un alarmante aumento en el número de personas que han perdido la vida como resultado de sus actividades sindicales, que pasa de 115 en 2005 a 144 en 2006.
Colombia sigue siendo el país más mortífero del mundo para los sindicalistas. Sin embargo, en lugar de emplear sus recursos para hacer frente al problema real, el gobierno de Uribe destina millones de dólares a sufragar una amplia campaña de relaciones públicas, y envía a altos representantes del Estado al extranjero para decir al mundo que la situación en Colombia está mejorando. No son más que mentiras. En 2006, 78 sindicalistas fueron asesinados, ocho más que en 2005, y muchos otros fueron víctimas de amenazas, secuestros o "desapariciones". Colombia es uno de los mayores desafíos a los que ha de hacer frente nuestra nueva internacional sindical y nos disponemos a abordarlo preparando un importante plan de acción de la CSI.
Otro desafío es el brusco incremento en el número de muertes tanto en Asia como en África. La persecución a la que se ven sometidos los activistas sindicales en Filipinas, donde 33 fueron asesinados, es fuente de preocupación para la comunidad sindical internacional. Los sindicalistas en Nepal se vieron también confrontados a una durísima represión. Tres murieron a consecuencia de los disparos recibidos durante las manifestaciones en masa que terminarían por poner fin al gobierno absolutista del rey.
Literalmente miles de sindicalistas han sido arrestados durante este año por haber participado en acciones de huelga y protestas para proteger sus derechos, mientras que otros tantos fueron despedidos, en algunos casos simplemente por formar o afiliarse a un sindicato. Las estadísticas correspondientes a 2006 indican que Asia se sitúa a la cabeza en ambos casos, con África en segundo lugar, aunque todas esas cifras han de considerarse únicamente una estimación más bien conservadora, dado que muchos casos no llegan a comunicarse. En los países industrializados, numerosos gobiernos han intentado restringir los derechos sindicales mediante la introducción de enmiendas a la legislación laboral, retirando o reduciendo los derechos de negociación colectiva, el derecho de huelga o incluso la libertad sindical. En Estados Unidos un fallo del Tribunal Nacional de Relaciones Laborales privó a millones de personas del derecho a sindicalizarse, extendiendo la definición del término "supervisor", mientras que en Australia el gobierno Howard ha aplicado su legislación de "Opciones Laborales", socavando seriamente los derechos de negociación colectiva y limitando considerablemente la acción industrial.
Los gobiernos de algunos países en transición en Europa han seguido intentando imponer un monopolio sindical controlado por el Estado, con Belarús a la cabeza. El escrutinio de la OIT respecto a los abusos de los trabajadores/as en ese país condujo a que la Unión Europea suspendiese las preferencias comerciales que se le acordaban. En Oriente Medio muchos trabajadores y trabajadores, particularmente los trabajadores/as extranjeros en los Estados del Golfo, siguen sin disfrutar de derechos sindicales. Aquellos que intentan ejercer sus derechos se ven confrontados a una durísima represión, particularmente en Irán. Y docenas de activistas sindicales permanecen encarcelados en China, Birmania y Cuba a causa de sus actividades sindicales independientes.
Pero también hay un mensaje de esperanza. Pese a todas las dificultades millones de hombres y mujeres permanecen firmes en su compromiso, o están ahora descubriendo los beneficios de la acción sindical. Muchos de ellos luchan por sus derechos, contra viento y marea. Personas como los sindicalistas de Colombia, o como Wellington Chibebe, Lovemore Matombo y Lucia Matibenga de la central sindical Zimbabwe Congress of Trade Unions (ZCTU) en Zimbabwe, los trabajadores y trabajadoras en las fábricas textiles de Asia, o Mansour Osanloo, el líder del sindicato de autobuses iraní actualmente encarcelado en Teherán, que ha seguido luchando por defender los derechos de sus miembros aún sabiendo que su vida corría peligro. Tal como indicó la Presidenta de la CSI, Sharan Burrow, durante la visita de Mansour para tomar parte en la reunión de nuestro Consejo General en junio pasado, "hay que tener el valor de personas como Mansour Osanloo para hacer frente a la represión contra el sindicalismo libre".
Entre los que han hecho frente a esa represión están los trabajadores y trabajadoras de Guinea, donde la muerte de al menos 20 manifestantes a manos de las fuerzas de seguridad durante la huelga nacional de junio 2006 resultaría ser simplemente un anuncio de lo que se preparaba. Ahora sabemos que nada menos que 137 personas perdieron la vida y 1.700 resultaron heridas a consecuencia de la violenta represión de las huelgas y manifestaciones organizadas en enero y febrero de 2007. Esta ha sido la primera emergencia a gran escala que ha tenido que afrontar la CSI y que puso a prueba nuestro nuevo internacionalismo sindical. Enviamos una serie de misiones, se elaboró un vídeo, nos aseguramos de mantener presiones constantes y se organizó una conferencia internacional con los sindicatos guineanos donde se presentaron propuestas prácticas para un desarrollo sostenible en el país. Gracias a la unidad y a la solidaridad que condujo a la creación de nuestra nueva internacional, fuimos capaces de demostrar de lo que somos capaces. Cualquiera que pretenda abusar de los trabajadores y trabajadoras tendrá que vérselas con nosotros.
Guy Ryder
Secretario General